martes, 20 de octubre de 2015

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Hoy miércoles 21 de octubre de 2015 es el día en Marty McFly viene a visitarnos desde su remoto 1985 como lo atestigua la segunda entrega de Volver al Futuro Parte II (1989) dirigida por Robert Zemeckis. Estructuralmente hablando esta cinta es la más débil de toda la trilogía pero a pesar de sus fallas me parece la más evocativa de todas pues nos obliga a considerar cómo sería el futuro en treinta años o, al menos, eso hizo con su audiencia noventera. Decimos noventera porque fue estrenada en noviembre del '89 lo cuál, curiosamente, ya significaba una distancia considerable —de casi un lustro— desde el propio tiempo de Marty. Curiosamente las paradojas temporales de la cinta están ya en su producción y lanzamiento. El filme fue necesariamente más visto en la década de los noventa que en los ochenta máxime si consideramos el glorioso abuso al que estuvo sometida al ser retransmitida una y otra vez en televisión y su disponibilidad en los modernísimos BetaMax y VHS de aquellos tiempos.

Que distante y qué cercano parecen las aspiraciones y los sueños de la audiencia in illo tempore, antes del TLC/NAFTA y 9/11 que soñaba con zapatos tenis que se amarran solos y pizzas hidratables que parecen sugerirnos que toda la inteligencia y tecnología humana debe estar al servicio de resolver aquellas pequeñas inconveniencias de la vida cotidiana. Capitalista demasiado capitalista ¿qué otra cosa podríamos esperar del Hollywood de aquella época? y sin embargo nos encantaba. Resultó un toque brillante situar el futuro en un momento histórico no tan distante que la audiencia adolescente de la época podría llegar a atestiguar. Aquello fue un ejercicio de imaginación social y colectiva de una utopía así la utopía fuera capitalista acompañado de un descarado product placement de compañías que se han beneficiado de la publicidad desde entonces y que curiosamente siguen omnipresentes: Mattel, Pepsi, Pizza Hut, etc.

Hay cierto pathos en nuestro tiempo de contrastar el futuro presentado en Volver al Futuro con nuestro actual 2015 y no obtener salvo cierta decepción. ¿Dónde están nuestros carros voladores y patinetas flotantes? Si en primera instancia nos hacemos esta pregunta es porque imaginamos esta alternativa aún como una posibilidad pues en términos reales y concretos ¿quién realmente querría una patineta flotante? Claro sería un excelente artículo de consumo pero una vez hecha la compra quién realmente se pondría a usarla con habitualidad. ¿Cuántos de nosotros sabe andar siquiera en una patineta regular? Volver al Futuro pudo prever que la sociedad de consumo seguiría resolviendo estas problemáticas menores que el internet gusta de llamar First World Problems, pero no pude prever la mayor revolución tecnológica desde la imprenta de tipos móviles. ¿Quién hubiera podido? El Internet ha demolido y construido industrias enteras y su capacidad para hacer nuestra vida más cómoda es inestimable. Pensemos en todos los recursos tecnológicos que tenemos en nuestros bolsillos con los teléfonos inteligentes.

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Si nosotros mismos pudiéramos visitar el 2015 de Volver al Futuro seguramente que nos emocionaría ver los carros voladores pero ¿qué haríamos sin Wi-Fi? y ¿para qué querríamos mandar un Fax desde un closet? Hablando de carros voladores si estos no existen en nuestro tiempo no es porque no poseamos la tecnología, existen ya prototipos funcionales del aparato, sino porque nuestra sociedad no está preparada para manejar tres dimensiones de transporte. ¿Imaginan los accidentes viales cotidianos que no sólo implicaría encuentros en las calles de nuestras ciudades sino en nuestras propias azoteas? Nuestros borrachos y microbuseros que hacen carreritas no deben tener esta responsabilidad. Creo que no tomaría mucho tiempo el percatarnos que este 2015 resultó en, ese aspecto tecnológico, mucho más avanzado de lo que Zemeckis pudo imaginar.
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Aún si uno quisiera obstinarse en los detalles sobre las omisiones tecnológicas de nuestra vida presente habría que mencionar que, en aquél aspecto socio-económico del capitalismo, Volver al Futuro acertó completamente. Si seguimos hablando de fechas, y con Volver al Futuro no hay más remedio. Es notable el hecho de que el muro de Berlín, la primera línea de defensa del comunismo soviético, cae el 9 de noviembre y pocas semanas después, el día 22 se estrena la segunda parte de la película. Nada garantizaba en esa época el triunfo del capitalismo, el mundo estaba aún en la balanza entre este sistema político-económico y el comunismo soviético. A pesar de este golpe inicial todavía se contemplaba remota si no es que imposible el desmantelamiento de la Unión Soviética y, sin embargo, esto fue lo que resultó sucediendo. La predicción de que el capitalismo no sólo seguiría en treinta años sino que además sería más prospero que nunca resultó ser totalmente cierta. Lo interesante de la historia es que en la otra línea temporal, la creada por Biff, el capitalismo está igualmente presente y quizá de una forma más patente en una sátira tragicamente cercana a la realidad. El millonario Biff habita en una torre habitacional de lujo que cuenta con un casino y ¿detrás de ella? lo que parecen refinerías petroleras. Los tiempos se cumplieron y quizá ambas lineas de tiempo, simultáneamente, se volvieron ciertas. Tenemos un Hill Valley hecho de silicio, tenemos un infame Biff dueño de casinos y torres, que gusta de ponerle su nombre a todo, cuyas ansias de poder no cesan. Nuestra dependencia del petroleo permanece pero también tenemos, al mismo tiempo, vehículos sustentables. Nuestros hogares, efectivamente se hicieron más inteligentes, pero la convivencia de nuestras familias más tontas. Tomadas en su conjunto ambas líneas temporales se hicieron realidad. Como ilusión o como pesadilla una cosa tuvo clara Volver al Futuro: el capitalismo era inescapable.

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